Reto: Gran Trail de Peñalara, crónica

Publicado: junio 26, 2012 en Carreras, Retos, Todo

Buenas a todos,

aquí os dejo la crónica de un compañero de trabajo que se ha enganchado a esto de correr por las montañas y se atrevió nada más y nada menos con el GTP.

“Tras mi primer ultra terminado, el año pasado, aprendí que el estado del corredor durante la prueba es una concatenación de toboganes. Ahora estás bien, luego mal, luego muy mal, luego mejor, luego sorprendentemente mejor que antes…Y concluí, que el éxito en estas pruebas depende de aprovechar bien los momentos buenos, y superar los momentos malos. Para lo primero hacen falta piernas, físico, esto es, entrenamiento. Para lo segundo, capacidad de sufrimiento, dureza mental, esto es, entrenamiento.

Con todo y con esas allí nos plantamos. Primer ultra trail de los de verdad, de los de desnivel apreciable, de los de kilometraje apreciable al que me enfrentaba. No es sólo la carrera en cuestión, sino los días previos, la noche anterior, la mañana de la prueba. Es la llegada al polideportivo, de noche, poco antes de las 5.15 de la mañana, con la incertidumbre de no saber a qué te enfrentas, pero, a la vez, sin haberte planteado ninguna duda del por qué.

Por qué tenemos más de 600 corredores, andarines, atletas, poco antes de las seis de la mañana de un sábado compartiendo la misma ilusión: disfrutar de la montaña en un desafío memorable. La mayor parte precavidos, conservadores, se conforman con terminar la hazaña; otros, los menos, los privilegiados, buscan hacer marcas para el recuerdo. Tan valientes unos como otros, tan dignos de admiración los otros como los unos.

6.00 am, comienza la carrera tras la entrega de mochilas para rascafria y el “exhaustivo control” de material. Todos corren, a diferentes ritmos. Atravesando las calles de Navacerrada veo a lo lejos corredores que se destacan, corriendo a velocidades más propias de corredores de asfalto. Llegamos a la rotonda de la piedra colgante y embocamos la pista de tierra, que nos adentra en el valle de la barranca. Con ligera pendiente ascendente, veo ya a gente que se detiene a caminar (aun queda un largo recorrido). Yo aguanto hasta el parking, enfrente del hotel, donde doy mis primeros pasos caminando. Cruzamos al otro lado del río y por una senda empiezas las pendientes mas pronunciadas. Así, hasta la fuente de la campanilla donde comienza la verdadera ascensión a nuestro primer objetivo: la Maliciosa.

Subida dura. La hago andando casi totalmente, sin parar. Me resulta incómoda, por la cantidad de piedra suelta en el camino, pero como la conozco por ser lugar habitual de entrenamientos, cumplo el objetivo de plantarme en la cima en 1h45. Control de paso y toca bajar. Primera parte peligrosa, con gran pendiente, pero corta. Me coloco detrás de otro corredor no muy hábil en estas líneas del descenso, pero que me evita tener que estar pendiente de las balizas. De hecho me da paso varias veces, pero le digo que no, que voy cómodo detrás. Nos pasan varios corredores, bajando como se debe bajar.. Llegamos a la sierra de los porrones, que alterna senda con alguna zona de roca algo más complicada, hasta empezar un sendero que nos manda, en un zig-zag eterno, hasta la pista de las zetas. La tomamos unos metros y retomamos otra senda, que nos llevará directos a canto cochino, el primer avituallamiento.

Control de chip, que no funciona. La verdad es que me da igual. Mientras tomo liquido llega la primera fémina, a la que no volví a ver. Unos minutos parados y en marcha, por el corazón de la pedriza. Senderos escondidos, entre árboles, ya transitados por algún andarín ajeno a la prueba, que nos anima al paso. Llegamos al inicio del la segunda ascensión, la “tachuela (eso pensaba yo) del collado de las dehesillas. Poco desnivel, interpreté que sería sencillo. Nada más lejos de la realidad. Eterna se me hizo, de piedra en piedra, salvando desniveles fuertes entre rocas, empezaron a presentárseme los primero síntomas de agotamiento. En una de esas, tropezón y al suelo: rodilla sangrando. Un buen golpe, del que no me volví a acordar hasta q me metí en la ducha al acabar. Alcanzamos la cima, siguiendo a dos corredores que van juntos, pero en la bajada los calambres no me permiten seguirles el paso. Momento crítico, quizás el peor, porque pensé que m había metido en un embolao demasiado fuerte para mí. Pasé la bajada y por un sendero que en ocasiones había que intuir, porque la vegetación no dejaba ver el suelo, llegamos a una pista, por la que me dejo caer durante un par de km. Veo más corredores por delante que van también corriendo, aprovechando lo benévolo del terreno. Tras un giro brusco abandonamos la pista y nos quedan 2km hasta el avituallamiento, en la olla de San Blas. Ya hacía un poco de calor, y sin apenas sobras, nos presentamos en el avituallamiento previo a la ascensión a la Morcuera. Reponemos  y para arriba, sin tiempo que perder.

En esa ascensión, describimos una trayectoria semicircular alrededor del avituallamiento, mientras ganamos altura poco a poco. Se alternan las tendidas pendientes con zonas de bajadas o falsos llanos. Me da miedo pensar que los kms pasan y no ganamos apenas altura. Sólo espero el momento en el que nos saquen de la pista y nos metan por senda a ganar altura. Y así es. Los últimos 2.5km son duros, muy duros, en especial ese último kilómetro y medio en el que mi espalda no recuperó en ningún momento la verticalidad. Alcanzamos la cima, con gente aplaudiendo y animando, y el avituallamiento. Cuatro o cinco minutos arriba, y nos lanzamos corriendo hacia Rascafria.

Bajada muy cómoda, también coincidió con uno de mis mejores momentos del día. Me encontraba bien y bajo rápido, sin grandes alardes pero rápido, alternando pista con senda. Llegamos unos kms más bajo al río, y comenzamos a ver a los primeros bañistas en sus orillas, lo que anuncia la cercanía de las presillas. Grandes bañistas, entre los cuales alguno ha debido hacer colección de los banderines, pues durante más de un km no había ninguno en el recorrido. Qué gente más maja!

Llegamos al camino que desemboca en el Monasterio del paular, donde nos cruzamos con mucha gente que nos mira extrañada. Si supieran lo que llevamos y lo que nos queda….Puente del perdón, avituallamiento y cambio de ropa. Aprovecho para meter en la mochila la manga larga para la noche y sacar los bastones. Tengo claro que  el Reventon me lo subo andando en un par de horitas,  sin forzar. Y así hago. La primera parte dura, por el calor. Son algo más de las dos y en Rascafria  hace una temperatura considerable. Pero enseguida nos adentramos en el robledal que gobierna la primera parte de la subida al reventón. Sigo a un corredor que aunque no corre, lleva un paso firme y rápido, que me cuesta en principio seguir, pero al que luego me adapto.

Abandonamos el robledal para coger la pista de la segunda parte de la ascensión, ésta con menos sombra. Y…sorpresa!: avituallamiento de agua extra en mitad de la subida…qué lujo!!!! Aprovechamos para refrescarnos y continuar, pero un km más adelante un calambre en el femoral de la pierna izquierda me deja tres o cuatro minutos KO. Mi compañero continua su camino y cuando me recupero, arranco de nuevo, hasta recuperar la marcheta anterior. Llego al avituallamiento, en el que como y bebo con tranquilidad, y alcanzo a mi compañero con el que reanudo la marcha hacia el control de paso, un poco más arriba.

Tomamos rumbo a Peñalara, con continuos subibaja, pudiendo divisar a corredores que caminan o corren por delante nuestro algún km  más adelante. Empiezo a notar molestias en un talón y en la planta de los pies. En el talón, un dolor agudo, como si una piedrecilla se estuviera clavando. En la planta, unas ampollas que asomaban la cabeza. Dejo ir a mi compañero porque no puedo seguir su ritmo y llego a los neveros. Poco después, me detengo a ver qué pasa con mis pies. Mal negocio: la media está rota por el talón, pues la zapatilla se ha roto y me ha rajado el calcetín, con la correspondiente herida. Un voluntario se acerca y me ayuda a curarme, tanto la herida como las ampollas. Me levanto y sigo hacia arriba, hasta la laguna de los pajaros. Los pies no los llevo bien, y me planteo seriamente abandonar en La granja. Mientras subo claveles veo más arriba a corredores echando manos: de verdad hay que hacer eso? Guardo los bastones y hacer de funambulista entre las piedras del risco. Divertido cuanto menos.

Poco después llegamos a Peñalara donde nuevo control de paso. 12:30h de carrera. Me preguntan que qué tal y les digo que en la granja lo dejo, que los pies hierven. Me intentan convencer de que es un error, que llegue abajo y lo piense, pero lo tengo claro. Comienzo el descenso, con los pies ardiendo en cada contacto con el suelo, hasta que llego a la zona más complicada. Pensé que sería peor, y más larga. La salvo bien, no muy rápido pero sin contratiempos, y empiezo a correr por el bosque, siguiendo un sendero precioso, idílico, de cuento. La parte más bonita del recorrido que completé. Alterno andar con correr, porque, a pesar de ir bien de piernas, los pies me están matando. Hasta que me alcanza una corredora, a unos 7km para el final, corriendo, y decido seguirla, hasta llevarme a buen rimo a las puertas de la Granja, donde di por finalizada mi aventura, totalmente convencido de que era lo mejor.

Al día siguiente, ya no estaba tan convencido. Quizás no conseguí superar unos de aquellos “momentos malos”.

Experiencia inolvidable, sin duda, a pesar de los pesares.”

Espero que lo hayáis disfrutado.

El año que viene espero que alguno de nosotros lo intentemos, al menos con el recorrido más corto si lo vuelven a ofertar jeje.

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comentarios
  1. Estela dice:

    Aunque esta vez quizá venció la mente estoy segura de que la próxima irá mucho mejor y con muchas cosas aprendidas que lo harán, al menos, un poco más fácil.
    Igualmente lo que conseguiste tiene mucho mérito y te doy mi enhorabuena.

    El año que viene creo que vais a ir allí a unos cuantos jeje.

  2. jose dice:

    Muchas gracias.

    Intentaré convencer a alguno para que el año que viene no se conforme con asistir de público…aunque no creo que ponga muchos inconvenientes…jejeje

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