Crónica del Gran Trail de Peñalara GTP 2013_ 80 kilómetros (David)

Publicado: junio 30, 2013 en Actividades, Carreras, relatos, Retos, Todo, Trail Running

Hola a todos.

Hoy, después de muchos meses, me pongo a escribir la crónica de mi carrera en el GTP 2013.

Apuntado desde Enero a la carrera de 80 kilómetros que ofrecía este Gran Trail de Peñalara.

Han sido 6 meses casi de espera, de mal entrenar por unas montañas llenas de nieve, y de hacer salidas express debido al trabajo y a entrenar triatlón por otro lado. Pero por fin llego el gran día. Ese 28 de Junio que tanto esperaba en el que se daría la carrera a lo que llamé el gran RETO del año, así, con mayúsculas.

Dorsal y camiseta

Dorsal y camiseta

Ese 28 de Junio realmente no sabía que hacer con las horas de sueño. La carrera empezaba a las 23:00 de la noche y no iba a dormir en toda ella. No sabía si cambiar el sueño desde el jueves o que intentar. Al final intenté dormir tarde para despertarme lo más tarde posible ese viernes 28. A las 12 estaba en pie y me esperaría un día de “descanso” y de control de material para la carrera.

A las 8 había quedado con José para subir juntos a Navacerrada. Pueblo desde donde salía la carrera. Y allí llegamos, a las 8:30 aproximadamente a empezar a hacer el planteamiento. Mochilas de cambio de ropa a Rascafría, y recuento de material para tenerlo controlado durante la carrera.

Iván y Arcadio, los otros locos que se enfrentarían a 110 kilómetros, estarían por allí. Pero por distintas razones les tocó hacer bajadas express a Alpedrete. Esto siempre viene bien, ya que con unos nervios pre-carrera no es suficiente y a Iván le gusta ponerse un poco más complicada la carrera.

Por fin todos juntos y vestidos, nos dirigimos a la línea de meta para hacer el control del material. En ese momento veo que Iván se quita la mochila y se pone a mirar el camelback. Algo falla, le esta chorreando el agua. Se le ha roto. Sinceramente, parece que le han echado un mal de ojo, siempre le pasa algo para complicarle un poco más la carrera. Una mochila nueva y le toca salir corriendo a comprar una botella de agua para cumplir al menos con el litro que la organización exigía. Y esto a escasos minutos de comenzar la prueba.

Con José antes de salir

Con José antes de salir

Todo el grupo al completo

Todo el grupo al completo

Ya por fin todos en línea de meta, un par de fotos y listos para correr. Frontales encendidos. Es una gran estampa. Mirar para atrás y ver las luces.

Y por fin dan la salida. Salimos eufóricos y sabemos que nos quedan muchas horas por delante de sufrimiento. Empezando por las primeras en las que nos meten 1000 metros positivos. Para empezar calentito.

Salida realizada

Salida realizada

Las primeras calles nos permiten colocarnos un poco delante para evitar un embudo en la subida a Maliciosa.

Han cambiado el circuito de entrada a la fuente de la campanilla y nos hacen pasar por un río. Río que grácilmente intento sortear. La consecuencia fue que caí de pleno en el río, encharcándome los píes. Y al ser de noche, noto como no se secan e iré con ellos mojados un buen rato. Esta humedad hace que el pie izquierdo empiece a crearme una ampolla en la planta del pie. Ampolla esperada desde el momento que vi que caía dentro del agua. Mentalmente tenía bloqueadas las molestias que me acarrearía a lo largo de la prueba.

Llegados a la campanilla, nos encontramos con el inicio de la subida a Maliciosa. Esta subida es muy dura, pero empezamos subiendo bien. José Manuel va delante, entre medias tengo a 3 personas que poco a poco voy adelantando en distintos puntos que la subida te permite. Y detrás vienen Iván y Arcadio, con un par de personas también en medio. Está todo controlado. Y la imagen que van dejando los frontales en la subida es increíble. Un gustazo verlo.

Llegamos arriba, control de Maliciosa pasado y toca bajar. José y yo nos lanzamos, y yo empiezo a pasar gente. Con mucho cuidado, ya que la bajada es peligrosa y de noche aún más. No se ve nada, y las piedras están muy sueltas. Cualquier tropiezo te haría caer unos metros hacía abajo.

En esta bajada pierdo de vista a José, pero se que no viene muy atrás. Y esto lo compruebo llegados a Canto Cochino. Segundo control. Antes de 20 segundos estaba José entrando a meta diciéndome que se acababa de meter un leñazo por despistarse.

Yo me encuentro genial. Han pasado 18 kilómetros y estoy perfecto. Casi ¼ de carrera terminada y todo va perfecto. Se lo comento a José y salimos a por el siguiente control, Collado de las Dehesillas. Lo hice hace un par de semanas con Iván y no me asustaba.  Pero algo empezó a ir mal. No habían pasado ni 20 minutos desde que me sentía perfecto cuando empecé a estar mareado y con nauseas. La coca cola que había tomado en el control me había creado una bola de gas en el estomago y me estaba revolviendo.

Así que le digo a José que continúe y yo intento recuperarme. Al final, después de 5 minutos andando como puedo decido sentarme, comer algo y beber agua. Fueron unos 5 minutos los que estuve sentado, pero me vinieron genial. Podía volver a andar con rapidez. Y aunque en ese rato me adelanto mucha gente. Les fui dando caza.

Una vez en las Dehesillas, tocaba llegar a San Blas. Y este camino no lo conocía. Fue un camino muy duro. No se veía nada con tanta planta, tanta rama y el camino tan estrecho. Tropezabas, te torcías el tobillo, te despistabas y te ibas del camino… Pero por fin, tras adelantar a varías personas, me encontré con uno que llevaba buen ritmo y me enganché a él. No solo llevaba buen ritmo, si no que conocía el circuito. Y hablando con él rápidamente llegamos al control de la Hoya de San Blas. Un tío genial sin duda. Pero no se si salió antes que yo de ese control o después, no lo volví a encontrar.

Después del avituallamiento, muy bueno por cierto, las naranjas y los caramelos me vinieron genial, empecé la nueva subida. De José no sabía nada, imaginaba que me sacaría muchos minutos ya. Y de Iván y Arcadio tampoco. Estaba solo. Así que me tocaba la subida en solitario.

Sobre la subida hacía el Puerto de la Morcuera hay que decir que es muy larga, y muy pesada de lo larga que es. Una pista continua, con subidas, bajadas, vueltas a subir… Se hace interminable. Pero conseguí una buena marcha. Adelanté a mucha gente en esta subida sin ningún esfuerzo, encontrándome otra vez en perfectas condiciones. Y sabiendo que cuando llegase arriba tendría realizados los primeros 40 kilómetros.

Últimos metros y llego al avituallamiento. He llegado en 6 horas 30 minutos aproximadamente. Estoy sorprendido. Si todo iba bien quería hacer 7 horas. Y con el problema que tuve antes de las dehesillas, había mejorado ese tiempo en 30 minutos.

Avituallamiento de nuevo, y aquí se portan de nuevo genial. Los voluntarios son fantásticos. Me ayudan a coger las cosas de la mochila sin que me la tenga que quitar y te ofrecen lo que pueden.

Y en poco ya estaba lanzándome de nuevo. Aquí en bajada hacia Rascafría. En mi afán de no perder mucho tiempo de nuevo, empiezo a adelantar gente. No quiero quedarme con ningún grupo y acomodarme. Y aquí llega mi sorpresa. Me encuentro con José Manuel de nuevo. Le he dado caza. Y comenzamos un descenso juntos que se hace más ameno y rápido de lo que esperaba. Aunque a falta de 3 kilómetros para Rascafría mi cabeza me empieza a decir que no puedo correr, aunque las piernas me iban bien, y dejo a José que se vuelva a escapar. Ya me esperaría en el avituallamiento.

Y así es, llego a Rascafría y ahí está José Manuel. Me cambio de calcetines y veo por qué me molestan los pies. Se han hecho varios agujeros en ellos. Pero sabía que ya no me quedaba nada, no iba a echarme atrás.

Terminamos de comer y empezamos una nueva subida, esta vez al Puerto del Reventón. Subida a un puerto que un año antes habíamos hecho ya, era conocida. Llevaba con unos bastones todo el camino solo para ayudarme en esta subida. Queríamos hacerlo en 2 horas y terminamos subiendo en menos de 1:45. Una subida muy rápida, adelantando gente de nuevo y con buena marcha. Los bastones me ayudaron ya que la cabeza no quería llevar el ritmo que mis piernas exigían.

Ya en el puerto del Reventón, veo como José se empieza a alejar dirección Peñalara. Me vuelvo a encontrar solo y con un ritmo que no soy capaz de encontrar. Estos 6 kilómetros que separan estos dos puntos se me hacen interminables. Veo como los primeros de la carrera de 60 kilómetros empiezan a darme caza y les dejo pasar. Aprovecho cualquier momento para respirar. No por cansancio físico, no porque no pueda mover las piernas, fue más bien por cansancio mental.

Después de pasar el risco de Claveles por fin llegamos a Peñalara y el hombre del control me dice la frase que llevo toda la noche esperando: “Esta es la última cuesta que subes”. Y eso era cierto, solo me quedaba bajar hacia la Granja. Mi felicidad aquí ya era notable. Consigo conectar el móvil para decir a Estela que llego 1 hora antes de lo previsto, que se den prisa para verme llegar. Bajé bromeando con corredores y disfrutando lo posible de esos primeros kilómetros.

En esta  bajada vuelvo a encontrarme con José, le veo que va algo fastidiado y le ofrezco el poco alimento que me queda, vamos juntos unos metros hasta el río y recargamos pilas. Yo prácticamente me meto entero en el río. Y aquí me despido de José esperando llevar buen ritmo estos últimos kilómetros.

Pero no soy capaz de bajar. Una pista increíble para bajar corriendo a tope y no soy capaz de correr más de 2-3 minutos antes de volver a andar. No por dolores, como bien digo, la cabeza no me dejaba correr. Se me hicieron eternos. Mojándome en cada rincón que veía y preguntando a cada persona que me encontraba cuanto quedaba para llegar.

Por fin, tras una pequeña subidita, se ve la Granja a menos de 1 kilómetro. Comienzo a correr, aquí no paro, llevo un trote lento, pero continuo. Y veo que me pasa José, increíble, se ha recuperado y me ha adelantado.

Y ya por fin veo la última curva que me lleva a la meta. Puedo hacer un sprint, mis piernas me responden  y entro corriendo en meta. Y allí está, Estela haciéndome unas fotos de llegada, y Carlos, que gracias a él, Estela pudo venir a verme ya que hizo de chofer.

Antes de fichar voy corriendo a saludarles y veo como los de la organización vienen detrás para que pase el control y darme la medalla de llegada a meta. Fin del Reto.

Entrando en meta

Entrando en meta

80 kilómetros terminados en 13 horas y 21 minutos. Estoy totalmente fascinado. Me encontraba cansado, pero perfectamente. La hidratación a lo largo de la carrera fue muy buena y la alimentación también. Todo ha ido genial en ese primer Ultra que corría. Por curiosidad pregunto el puesto y me dicen que he entrado el 13!! Genial, un puestazo que para nada esperaba horas antes cuando estaba tomando la salida. He conseguido hacer Finisher y en muy buen tiempo. Me había ganado la medalla y el chaleco de Finisher!!

Con la medalla y la felicidad en la mirada

Con la medalla y la felicidad en la mirada

Chaleco y medalla

Chaleco y medalla

En este momento pienso que debería haber cogido la de 110 kilómetros para poder hacer la vuelta completa, ya que con el ritmo que llevaba, aunque fuese andando el resto y trotando las cuestas, podría haberla finalizado en menos de 19 horas. Pero no me arrepiento de nada. Está hecho, he corrido bien y he luchado con mi mente en los momentos más difíciles. No me dejé vencer en ningún momento ni por la ampolla del pie, ni por un par de pinchazos en los muslos que tuve en la subida a Morcuera, ni por la falta de agua antes de llegar al río bajando Peñalara.

Todo fue realmente bien. Una gran carrera que con el poco entrenamiento por montaña que he podido hacer este año debido a las nieves y a entrenar triatlón, fue mucho mejor de lo esperado. Como digo, pensaba hacer si todo iba bien, 14 horas. Y baje con creces ese tiempo.

Agradezco muchísimo el apoyo de Estela y Carlos, que estuvieron ahí en todo momento y que llegaron a meta casi sin desayunar para verme llegar. Y Estela me esperaba con su promesa cumplida, una gran palmera de chocolate, y no solo 1, llevaron 5! Esa estampa me dio fuerzas en todo momento de debilidad, no solo las palmeras, si no pensar que los dos estarían allí para verme llegar. Sinceramente estuvieron geniales en todo momento.

También agradezco a José el ritmo que me hizo llevar en la subida al puerto del Reventón y en todo momento fue un gran apoyo, recordándome hidratarme bien y comer bien.

Y los voluntarios de la organización los mejores de toda la competición. Increíble como nos trataban en todos los avituallamientos. En la Hoya de San Blas que sería aproximadamente las 3:30 de la mañana y estaban frescos, ayudándote en todo. A las 6:30 en Morcuera inmensos. Una alegría que te hacían sentir genial en cada avituallamiento. Realmente estuvieron de 10. Pude comer naranjas las que quisiera, beber agua y llenar cantimploras, coca cola… Y ellos ayudándote en todo lo posible. Solo deseaba llegar al siguiente avituallamiento para poder ver la alegría que tenían. Al igual que las personas de controles de paso. Un 10 para todos ellos que pasaron tantas horas esperando a que unos locos pasen corriendo solo para ayudarles.

Y de paso dar la enhorabuena a Iván! que ya contará su crónica, pero consiguió acabar los 110 kilómetros de sufrimiento! Un crack

Ha sido una crónica muy larga, pero ha sido una carrera muy larga en la que hay que contar muchas emociones. Espero que os haya gustado, porque yo la carrera la disfrute desde el principio hasta el final.

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